Estudiantes del Instante

2 de agosto de 2015 borrador inédito

Confesiones de un yagecero: Tengo sed

Y tomé yagé.
¡Ayahuasca!, me dijeron.
No sabía qué era, pero dije que sí. Lenta y sigilosamente, como coqueta que espera con paciencia su turno, la serpiente me empezó a atrapar voraz entre sus fauces.
¿Qué si qué es el yagé? Te dirán que es una planta, y que las plantas son naturales. Te dirán que viene de la tierra húmeda y tempestuosa de nuestra Tierra. Te dirán que si la bebes, cambiará tu vida diametralmente. Te dirán, los que ya la han bebido, todo lo que continúa rauda cambiando la vida.
Diré entonces que el yagé es medicina.
Los primeros ajustes fueron un poco confusos. La confusión me atrancó portazos.
El yagé ya entró en mi sangre y desde dentro de ella me empieza ya a estrujar. De repente se me cierran las salidas. No sé qué siento pero todo está de cabeza. No tengo de dónde agarrarme, y por eso intento agarrarme de todo. ¿Acaso me ha hecho daño tomar medicina?
No, me hace bien. Me levanto de entre mis vómitos un poco menos desorientado que ayer. Pero las deudas de los días viejos, sigue cobrando cheques. No estuve más rabioso tras tomar yagé, sino que desde antes la rabia ardía en mí. La energía que comienza a recorrer mi cuerpo se hace a ella misma un poco más observadora cada vez que la empleo.
Tras algunos años se empiezan a notar
No hay creencias valederas para un yagecero.